Cerdeña en coche parte 1

Cerdeña en coche parte 1

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Nuestro viaje a Cerdeña en coche.

Volamos de Barcelona a Cagliari, Cerdeña. Aterrizamos en la cuidad entrada la tarde. Alquilamos un coche y comenzamos la nueva aventura. Condujimos hacia el sur oeste de la isla. Nuestra primera parada fue en una playa llamada ‘Torre di Chia’. Sus aguas estaban frías y limpias. El lugar estaba en calma e invitaba a relajarse por un rato. Después de nadar, seguimos nuestro camino hasta llegar a ‘Porto Pino’, que es un maravilloso paraje desértico. Luego de ver la caída del sol, nos dirigimos al mercado callejero. La idea era degustar los productos locales: olivas, queso, vino, limoncelo, focacchia, una rebanada de pizza y cerveza (Ichnusa). Después del festín, buscamos un sitio para dormir.

Nuestro Segundo día comenzó. Nos enteremos en nuestra guía Lonely Planet que Cerdeña es un lugar maravilloso para acampar. Después de un café y un jugo de naranja, decidimos ir a Isola di Sant’ Antioco. La idea que tuvimos en mente fue encontrar un lugar para nadar y practicar snorkeling, para ello debíamos encontrar una playa calmada: escogimos a Capo Sperone. La elección fue la acertada. Al ver sus aguas transparentes supimos que estábamos en el lugar indicado. Después de nadar, tuvimos un almuerzo inmejorable, en la mesa decidimos que nuestra siguiente parada sería Iglesias. Condujimos con dirección norte. Esta pequeña cuidad tiene un centro urbano moderno e interesante. El calor acechaba, así que decidimos tomar una cerveza en una terraza muy acogedora. Mientras disfrutábamos de la bebida, recordamos que un amigo nos recomendó una playa llamada Piscinas. Pedimos indicaciones a un hombre local sobre la ubicación del sitio. Agradecimos y encendimos el coche. Nos perdimos tratando de encontrar la playa, al final decidimos que iríamos a la fija, es decir, no encontramos la forma de llegar a Piscinas, así que lo más fácil fue tomar el camino a Scivu. Esta playa es surreal, llena de dunas y piscinas miniaturas. Extensa, alargada, de olas fuertes. Con el viento como nuevo amigo, casi solos, nos perdimos en la puesta de sol. La recomendación del escritor de Lonely Planet fue acertada. El lugar es el sueño de un fotógrafo. En esta playa, todo invita a capturar la imagen perfecta.

Después de meses de trabajo duro, nos merecíamos una buena cena. Daniel le preguntó a un chico donde podríamos comer un buen pescado. Respondió que había una zona de camping cerca en donde podríamos encontrar comida fresca. Como siempre, confiamos en los consejos de los locales y nos dirigimos al Camping Sciopadroxiu. Encontramos una terraza que tenía una vista panorámica increíble. Desde allí, Piscina lucía majestuosa. La comida estuvo deliciosa: vino blanco, camarones, spaghetti con langosta, con almejas y pescado mixto a la parrilla. Nada más que decir.

Cerdeña en coche

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